
solo son recuerdos,
solo son frases disfrazadas
de un misterio banal
que en otro tiempo
fue algo en que recordar.

Lívido fuego misterioso que emanas de la nada,
te atreves a vestirte de diosa y musa alada
mientras pinto errante en singular locura
la ecuación difusa de tu total hermosura.
En inocente placer sigiloso, me invitas a enloquecer
mientras en trazos revoltosos pinto tu silueta de mujer
mas ni el pincel ni el lienzo son dignos de imitar
tu tierna imagen soberbiamente singular.
Recelo que naces de mi imaginación, allí te
quedarás, pues te borro de este lienzo y te saco del pincel
para que nadie se atreva a verte ni siquiera en el papel,
dueña mía y solo mía te nombro hoy de mi piel.
-Fin-


Me sentía atrapada en una de esas pesadillas aterradoras en las que tienes que correr, correr hasta que te arden los pulmones, sin lograr desplazarte nunca a la velocidad necesaria. Las piernas parecían moverse cada vez más despacio mientras me esforzaba por avanzar entre la multitud indiferente, pero aun así, las manecillas del gran reloj de la torre seguían avanzando, no se detenían; inexorables e insensibles se aproximaban hacia el final, hacia el final de todo.
Pero esto no era un sueño y, a diferencia de las pesadillas, no corría para salvar mi vida; corría para salvar algo infinitamente más valioso. En ese momento, incluso mi propia vida parecía tener poco significado para mí.
Alice había predicho que existían muchas posibilidades de que las dos muriéramos allí. Tal vez el resultado habría sido bien diferente si aquel sol deslumbrante no la hubiera retenido, de modo que sólo yo era libre de cruzar aquella plaza iluminada y atestada de gente.
Y no podía correr lo bastante rápido...
... por lo que no me importaba demasiado que estuviéramos rodeados por nuestros enemigos, extraordinariamente poderosos. Supe que era demasiado tarde cuando el reloj comenzó a dar la hora y sus campanadas hicieron vibrar el enlosado que pisaban mis pies —demasiado lentos—. Entonces me alegré de que más de un vampiro ávido de sangre me estuviera esperando por los alrededores. Si esto salía mal, a mí ya no me quedarían deseos de seguir viviendo.
El reloj siguió dando la hora mientras el sol caía a plomo en la plaza desde el centro exacto del cielo.


El momento y el tiempo, dos inseparables compañeros de fatigas
Yo, muñeca de sus infantiles juegos de destino,
Que ponen en mí, acciones que no son,
Acciones que no son propias de mí
¿Por qué hacen esto, se divierten tal vez?
Creen que tienen todo resuelto, haciendo algo así
Y es que yo pienso que el momento y el tiempo,
Son como dos niños traviesos que juegan en un parque
A ser dueños y señores de otro mundo y soñar con que
Otro mundo es posible, un mundo de acuerdo a sus posibilidades
Y yo me he convertido en su marioneta
Y es que el momento y el tiempo, solo hacen en mí que
No cicatrice heridas, queriéndolas cicatrizar, pero
No se que motivo tienen, porque en otras personas
Hacen que todo el sufrimiento por el ser amado se vaya
E incluso lo restituyan con uno nuevo, pero yo,
Una triste alma ensombrecida y sin vida a causa
De este sufrimiento que me turba,
que me hace no tener esperanza en el futuro
¿Por qué me hacéis esto, por qué?
Esta alma os grita desgarradoramente para pediros una respuesta,
una respuesta que me de paz, que me de calma, da igual como sea esa respuesta,
Tan solo acabar con mi dolor, acabad ya, os lo ruego…
y así mi alma descansará en paz.
